- ¿Cuál?
- No te haces responsable de los mensajes que regalas, ni de las cartas de amor ni de las despedidas. No te haces cargo de nada. ¡No has podido mantener ni siquiera por un año el dicho en las dos, ¿o tres? cartas de amor que has escrito! ¿Te parece eso decente? ¿Qué dirán ellos si supieran que esa carta en la que les escribiste que los querías, que podías hacer todo por ellos, nunca existió en realidad?
- No no, sí existieron, tanto que las escribí, y que lloré como una loca cada vez que las escribía. Además estoy segura que lo saben.
- ¿Que saben qué?
- Que no son cartas de amor, que en todo caso son cartas de amor del momento. Ay, ya sabes que yo soy así, muy cursi, pero la cursilería se me baja muy rápido cuando me doy cuenta que no vale la pena.
- Ja. Ya sé que eres cursi. Pero esas historias no han valido la pena porque no has buscado que valieran, porque se quedaron en segunditos y ya.
- Ahora resulta que yo tengo la culpa de todo. ¿No te parece injusto? ¿Tú quién te crees para andarme diciendo a mí qué es lo que tengo que hacer con mis cartas de amor después de entregarlas? ¡Yo puedo hacer con mi amor lo que se me dé la gana! Y si se me acaba después de entregar la carta ni modo, así es.
Silencio.
- No, ya sé qué es lo que te pasa. Que siempre que es has entregado una carta de amor ha sido tu renuncia, tu 'Ya no quiero nada de ti'.
Silencio. Más silencio.
- Sí. Tienes razón. Es eso. Y qué jodido, ¿no?
Silencio. Silencio. Silencio.
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