Nueva regla

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Estoy leyendo un libro que alguien, lejos, necesita. Lo sé. Porque dice eso justo que lo hará no sentirse en total soledad, porque explica lo que le pasa con las palabras precisas, en frases inteligentes y comprensivas. Todo el fin de semana busqué la forma de enviárselo rápido y baratamente, para que lo tuviera ya y no siguiera necesitándolo, para que ya no gritara más auxilio. Hasta que volví a saber de su existencia y me convencí. Puedo regalar libros a todos, a amigos, enemigos, amores, desamores, presentes y olvidados, pero nunca, nunca, a los que ya me decepcionaron. ¿Para qué aventar sabiduría a un pozo oscuro, sin fondo? La respuesta es simple, para qué. Que el pozo siga sin luz, al fin que ya tengo linternas.

Rumbo

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Nunca he sido de aniversarios, pero este mes no pude olvidarlos. Hubo tres importantes. De una pérdida, la más grande de mi vida, de una ruptura, también la más grande, y de un inicio. Le temía a enero. Creía que la fuerza de lo que pasó en otros tiempos acabaría con el ímpetu que había logrado guardar los últimos días de diciembre y todo se volvería confuso, molesto, lejano, porque otra vez querría estar en antes, sin poder hacerlo, desahuciada. Pero no. Termino el mes, volteo hacia atrás y, salvo mis apreturas económicas actuales que veo casi eternas, me siento llena. En esta realidad, la que vivo desde que me levanto y hasta que me acuesto, en la cama de siempre, y en las demás, las que vivo lejos, porque la vida de acá, definí, no me alcanza, y yo, como dice Javier Lomá Gonzón, lo quiero todo. Porque no sólo fueron las caminatas con mi peludo terapeuta, las frases célebres de los oráculos, que no lo saben todo, pero todo lo comprenden, las risas en la oficina y las comidas en el delicioso-gourmet-de-al-lado, los platotes de pasta pseudoitaliana, las cenas de comida japonesa, los cafés con mucha cafeína, las escapadas nocturnas con Universal Stereo como cereza del pastel. Fueron también las llamadas lejanísimas, con tonos de voz distintos y cálidos, la llegada de timbres postales en un sobre blanco con el mejor deseo de año nuevo, las respuestas a nostalgias de hace meses, los libros de periodismo, de lugares que ya pisé, de los narcos, el cine... Toda la olla de presión se convirtió en más mirada con los mismos ojos, pero más clara. Hace unos días, Andres Hoyos, escritor y fundador de El Malpensante, difundió una frase de Clarice Lispector, "Cambie, pero comience despacio, porque la dirección es más importante que la velocidad". ¡Eso! ¡Justo eso! En los aniversarios encontraré las claves para saber por qué soy ahora, sí, pero no deben pesar, alumbran, porque ya tengo la dirección, porque ahora el presente es lo que importa. Porque ahorita ahorita ahorita lo que me hace feliz es una canción de Alejandro Fernández (toda una novedad en mí) y un libro de Jorge Ibargüengoitia. Porque lo demás o ya se fue o viene al ratito...


Hoy declaro...

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En pleno uso de mis facultades mentales, que no me acercaré más a los pretenciosos. No más aceptar a los que venden sus vidas como si fueran novelas y ni siquiera llegan al guión. Nunca más aceptar que egos agobien conversaciones. No más. Ya tuve de eso suficiente. No más...

Historia de amor 1

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Se reunieron más por tu insistencia que por su deseo. Es la verdad. Desde hace meses tratabas de captar su atención con chistes gratuitos cada vez que te la encontrabas en el chat, es decir, diario, porque ella se conecta siempre que está en la oficina, lo que últimamente es, para su desgracia, todos los días. Y todos los días la invitabas a salir. Cuando te dio por fin el sí, hoy, 7:30 frente a Bellas Artes, no dudaste. La esperarías ahí aunque se tardara, aunque te dejara plantado. Eso le dijiste, porque querías verla, porque esperabas desde hace meses.

Llegó 15 minutos tarde. Vestida de oficina, sobria, con el cabello desarreglado como siempre, un poco más delgada que la última vez, hace casi año y medio. Tú esperabas recargado en una luz, en un lugar en el que le costaría verte, con más canas y la misma barba descuidada. Quería ver cómo llegabas, le dijiste después. Cuando por fin te encontró y se acercó presurosa le diste un abrazo que ella trató de esquivar, aunque no te diste cuenta. Te propuso ir a su lugar de café con leche favorito, a cuadras. Aceptaste. Tenías hambre pero fingiste que no, porque no sabías que esperaría ella, si un café, un trago, una cena, caminar. La noche estaba fresca. Se quejó de un incipiente dolor de garganta. Quisiste darle tu chamarra. No, ella nunca aceptaba las chamarras de los demás. Así era, siempre, necia, muy necia.

Caminaron al café. Preguntó por ti, por tu hijo, por tu trabajo. Le dijiste lo mismo que una década atrás. Trabajabas cuando podías pero sin ser un esclavo. ¿Tu hijo? Grande ya, seis años que a ambos se les habían pasado volando, primero de primaria. ¿Y ella? ¿Su mamá? Ahora están separados, confesaste. Tenían problemas. Recordó hasta cómo se llamaba. Cómo iba a olvidarlo, si fue su primera gran rival, se la presentaste como "la mujer de mi vida". Hasta hoy cada vez que escucha ese nombre se le retuerce el estómago, aunque no quiera, aunque ya no sienta lo que sintió por ti.

Llegaron al sitio y ocuparon uno de los gabinetes de madera. Viste que quería comer y te animaste a seguirla. Pidieron enchiladas verdes. Ella agua de mandarina, tú nada. Después, dos cafés con leche. En la cena dejaste que hablara, que te contara de sus aventuras lejanas recientes, de su depresión apenas terminada, de su curación, de su regreso a la vida en México. Se hartó de hablar, porque no es así, se siente incómoda hablando de sí misma. Pero tú no querías decir nada. Ella, cada vez más incómoda, exigió palabras. Me siento presionado, así no hablo, dijiste. Entonces recurrió a lo único que tenían para acabar con el silencio: el pasado. Lo consiguió. Te recordó los libros que le dejaste antes de irte a Europa, hace nueve años, cuando te apareciste de la nada, borracho, en su casa, y le entregaste a su madre una decena de volúmenes. Valéry, Dante, Goethe, Borroughs, Borges. ¿Borges? No recuerda el libro de poesía de Borges. Sí, se lo diste, estás seguro. ¿O lo perdiste? Ella pensó en el soundtrack de Underground grabado en un cassette que le entregaste junto con la literatura. Quiso decirte que lo escuchó mil veces, hasta dañar la cinta, que tuvo que pedir la película a Estados Unidos porque acá todavía no se conseguía en las tiendas, no como ahora que la venden donde sea. Un dineral porque quería ponerle imágenes a tu música. No pudo decirte que todavía no soporta ver a Kusturica en vivo, le pareció una cursilería innecesaria. Tampoco quiso decirte que, desde el día de los libros, su madre te perdonó todas las llegadas a deshoras, sin saber dónde estaba su hija, con un borracho. Unos libros bastaron. Pero el pasado comenzaba a pesar. Pidieron la cuenta. Cada quién pagó lo suyo. Con ella no se puede, es necia, necia. Mejor para ti, pensaste.

Luego, a caminar. Necesitaban aire. Recorrieron todo su Centro Histórico de antes, de cuando eran juntos. Para llenar el espacio entre ustedes le tomaste el brazo izquierdo y regresaste a lo mismo, a lo que fue, porque era el momento. Llegaron a la calle de Cuba, peligrosamente oscura y con algunos seres de mala facha acechándolos con los ojos. Buscaron los hoteles de mala muerte que visitaron en esa calle años atrás, donde le abriste el mundo; las cantinas que recorrieron por días, mientras tú te emborrachabas y ella, sin tomar una gota de alcohol, soñaba conque escribiría libros de antropología con las escenas que veía. Porque ella, a sus 17 años, quería ser antropóloga, o estudiar literatura, como tú. Luego, palabras sobre sus cuerpos. ¿Estaba todavía la alcancía en su cabeza? Sí. ¿Y tu clavícula salida? También. Eran los mismos, pero más viejos. ¿Y sigues sin querer tener hijos? Sí, contestó, todavía no encuentro al padre. Pero si estoy yo, ser papá ha sido lo mejor de mi vida, contestaste rápido. Entonces, en un arrebato de nostalgia, besaste tímidamente su hombro sin soltarla del brazo. Ella no se inmutó, siguió caminando con las manos en los bolsillos, temiendo que te entrara valor y la arrinconaras en uno de esos recovecos oscuros de las iglesias del Centro, donde a esa hora sólo había indigentes buscando una noche tranquila. No lo hiciste, porque sabías que te rechazaría.

Sintiendo su frialdad te sentiste obligado a decirle lo que tenías guardado junto con su recuerdo, la razón de la cita. No he dejado de sentir nunca algo por ti, y ahora que te veo me doy cuenta de que es amor, lo nuestro lo tengo incompleto, sin terminar, le falta un final, y siempre que pienso en ti lo siento. No importa que hayan pasado 10 años. Ahora me doy cuenta que es un ciclo sin fin, y que quizá sea el momento de terminarlo. Es amor lo que siento, es amor. Puntos suspensivos. No lo esperaba, simplemente no lo esperaba. ¿No será más bien nostalgia lo que sientes? No, es más que eso, lo siento ahora. Entonces soltaste su brazo y buscaste en el bolsillo del pantalón su mano, la aprisionaste. Caminaron muchas calles tomados de la mano, como antes. Ella calló, hasta que por fin espetó. Imagínate lo que representas para mí, el principio, siempre sentiré gran agradecimiento por ti, eres especial, en mis recuerdos estás aparte. ¿Y nunca te hice daño? El alcohol, y las salidas a lugares oscuros, mis lecturas deprimentes, ¿nunca te hicieron daño? Jamás, yo fui feliz contigo, nunca sufrí.

Ella se quería ir, porque ya no te correspondía, porque el amor que querías enseñarle ya estaba a destiempo para ella, ya no era en ella. Sugirió caminar al Metro Hidalgo. Quiero alargar este momento, dijiste. Ella no pudo, no quiso más. Aceptaste su huida, pero no soltaste su mano. La acompañaste. Entraron al metro y sugeriste acompañarla hasta San Cosme, donde ella siempre toma taxis a su casa, la misma que hace 10 años. Mientras caminaban hacia el andén, subían al tren y bajaban de él tú aprisionabas su mano cada vez con más fuerza. Ella, en su desconcierto, sólo atinaba recordar la poesía que le diste, esa de Baudelaire, y nada más, lo demás estaba en blanco. Llegaron a los torniquetes de San Cosme y a la despedida. Por fin la soltaste. Te agradeció rápidamente, un beso en la mejilla y un hasta después, en algún momento. Todo rápido, para evitar dolores innecesarios. La observaste mientras subió las escaleras al exterior a toda prisa, hasta que desapareció.

No sabes si la volverás a ver. Lo que sí sabes es que ambos pensaban en lo mismo, en que no hay situación más triste entre dos que una declaración de amor a destiempo...

La giganta

Cuando Naturaleza, en su brío poderoso,
concebía diariamente monstruosas criaturas,
vivir habría querido cerca de una giganta
como al pie de una reina un gato ronroneante.

Habría visto su cuerpo florecer con su espíritu
y en libertad crecer con sus juegos terribles;
sabría si el corazón guarda una llamarada,
en las mojadas nieblas que bogan por sus ojos.

Recorrer, al azar, sus magníficas formas;
escalar las vertientes de sus piernas enormes
y, acaso, en el estío, cuando soles malsanos

la tumbaran rendida en mitad de los campos,
a la sombra del seno dormitar sin cuidado,
como escondida aldea al pie de una montaña.

CB

Giros

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El problema es que hay un desequilibrio otra vez. No puede ser que se arregle una parte de tu vida e, instantáneamente, se descomponga la otra, la que te que da de comer. ¿O siempre había estado mal y no te habías dado cuenta por tus problemas de personalidad? ¿Qué de repente todo lo que veías aceptable por un par de años más ya no es? ¿Y ahora qué vas a hacer?

Lo único que queda en estos casos es relajarte. No puedes hacer más en el corto plazo. Estás tan atada de manos que no puedes ser capaz de hacer absolutamente nada. Piensa, planea acciones. Decida cuál será tu prioridad. El refugio funcionó, pero ya tiene demasiadas goteras...

Presente

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"Nunca había conocido tales altibajos y virajes bruscos en sus sentimientos, sus estados de ánimo. Y estaba a punto de formular una propuesta que desde un punto de vista era totalmente sensata, y desde otro, con gran probabilidad -no podía estar segura-, completamente ultrajante. Se sintió como si estuviera reinventando la existencia. Estaba condenada a equivocarse".

Ian McEwan, Chesil Beach

Regalos regalos regalos

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De uno que me entiende mucho mucho...

"Que alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos
me está viviendo".

Pedro Salinas

"Luchamos por fijar nuestro anhelo,
como si hubiera alguien, más fuerte que nosotros,
que tuviera en memoria, nuestro olvido".

Luis Cernuda

"¿A quién habíamos de responder en este mundo, sino a los que amamos?".

Albert Camus

"Gracias por tus horóscopos que aunque dibujes tardíos, para otros llegan a muy buen tiempo".

JR

Si alguien le hubiera atinado...

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...mi horóscopo 2010 hubiera sido así...

Conocerás mucho mundo, y te conocerás tú. Harás amigos lejanos, algunos más cercanos que muchos que te han acompañado toda tu vida. Compartirán espacios, tiempos, letras, lágrimas y te sentirás muy viva. Eso te dará la valentía para corregir lo que ya no querías ser, o lo que ya no eras desde hace mucho tiempo pero que aparentabas. Y no te importará, porque entenderás, por fin, que no se trata de no causar a otros, sino de no causar-te aburrimiento, mediocridad. Esa actitud la mantendrás a lo largo del año, hasta el último día.

Harás dos juramentos. Uno en una tarde de verano, con un té helado rojo en la mano. Recordarás la escena por dos pares de pies descalzos volando y edificios altos a tu alrededor, uno de ellos un cine viejo, después de La Violetera. El otro, tras de una botella de vino desconocido, recomendación de un argentino, un gazpacho de salmón y un hojaldre de frutos rojos, con lucecitas y saxofón, en una cena romántica que anhelarás desde mediados de año, y no tendrás hasta el final, a punto de que se acabe el año. En ambos te entregarás, y dirás la verdad: se hacen juramentos porque si no estás traicionando el tesoro que te encontraste por casualidad, esas casualidades que se cuenta con los dedos de una mano por cada vida...

Te harán más callada, y desconfiada. Refrendarás esa creencia que ya tenías de que quienes no escuchan nunca podrán tener tu confianza, aunque quieras, porque su ego los eclipsa. Lo confirmarás más de una vez. Ante ellos preferirás callar. Llorarás como ningún otro año, y al final verás que tus lágrimas ni eran tan necesarias, porque uno sobrevive de por sí. Regalarás un gran libro a alguien que corregirá tu falta de coraje para ser tú, y terminarás el año con muchos amuletos, entre ellos un torito, una pulsera y un barquito, con intensidades muy distintas. Tocarás el cielo en el sur, literal, y como nunca escribirás y enviarás muchos sentimientos desesperados, y los recibirás, hasta que te calmes y se calmen. Conocerás qué es el insomnio, y tu círculo verde se hará un puntito, conformado por poquititos, pero te sentirás bien. No te respetarás por primera vez, y te dolerá, pero después agradecerás y te tatuarás un gran "no me vuelve a pasar" en la cabeza.

Cotizarás mucho tu amor y tu soledad, primero por necesidad y después por deseo, tanto que terminarás haciendo un milagro: tu bienestar. Tomarás muchos, muchos cafés, pero regresarás a tu lugar, a darte cuenta que el mejor café del mundo ha estado siempre a media hora de tu vida, y sabe mejor si lo tomas entre sonrisas, chismes, periódicos...

A pesar de los dolores, al final del año te sentirás tan bien que tus planes serán tan ambiciosos que nadie podrá pararte. Bueno, quizá un bohemio que todavía no conoces, y no conocerás en 2010. Mientras, no...

Mi principio

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Pasa el tiempo...

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Cicatrices

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Gracias a Krauze...


ESTHER SELIGSON

Cicatrices

in memoriam Simone Boué


Cicatriz: concierto de voces insepultas en el insomnio de la añoranza.

En la memoria del cuerpo ¿habrán de terminar, una sobre otra, en una tumba única, las cicatrices de cuanto amante fue enterrado?

Jugábamos a ver quién dejaba en el otro las cicatrices más abyectas.

Toda penetración deja una cicatriz que a fuerza de entrega se va pudriendo.

Por las cicatrices de la memoria se cuelan las heridas del olvido.
Uno creería que toda cicatriz implica una herida previa. No siempre es así: hay cicatrices genéticas, y algunas se heredan con la nacionalidad.

En general los errantes contaminamos con el olor de nuestras
cicatrices la atmósfera de cualquier viaje que emprendemos,
por inédito que sea.

Trasterrado: el que siembra en sus cicatrices de antaño heridas presentes y futuras que nunca cicatrizarán.

Cicatriz el cielo de aquellas tardes en que el amor humeaba entre tazas de té, músicas a media luz y ropa desperdigada.
Todo clandestino como la lluvia tras la ventana sin cortinas, abierta sobre los techos de la ciudad, abierta a las nubes y a algún sorpresivo arcoiris.

Gracias a Adán y a Eva el Conocimiento es una cicatriz imborrable, insondable, insuturable... unaphilo-sophia, en suma.

No son los recuerdos, el dolor, la alegría, quienes van tatuando en el rostro sus cicatrices, sino el misterio de la vida, su diario transcurrir.
También las tajaduras de lo inexpresado.

En la furia contra la madre nace nuestra primera cicatriz. En los celos hacia el padre, la segunda.
A veces ocurre a la inversa. Como quiera que sea, ambas cicatrices permanecen de por vida.

Cioraniana: la cicatriz del nacimiento no tiene cura.

Qué hondas las grietas de la tierra, las simas de la vida, las cicatrices del tiempo.

La primera cicatriz es la que provocamos en el cuerpo materno. En realidad es la única: sus labios sólo se cierran con su muerte.

Por más lisitas que estén, el miedo también enchina a las cicatrices.

Los sueños de Poder desbordan cualquier cicatriz, por metafísica que sea.

Toda ciudad lleva en su trazo vestigios de alguna cicatriz infestada de patrióticos gusanos, larvas fanáticas, huevecillos purulentos de tantas texturas como ciudadanos la habitan.

La cicatriz de Dios está en nuestra muerte.
No importa si ella llegó por su propio pie o si por bala o tajo, cáncer o sida; o si la llamamos con somníferos, soga, fuego, gas o accidente: la cicatriz de Dios se abre para darnos paso. (Kadish)

La cicatriz que el suicida le inflige a la vida borbotea pus eternamente.

También podría hablar de la cicatriz que el artista se afana en ahondar, en cavar y esculpir en su propia carne.

Lugar común: "las cicatrices que el amor deja en el alma".
–¿Y por qué no en el corazón?
–Porque el corazón es un músculo hueco...

Canción de cuna: cría hijos y crearás cicatrices.

Jabesiana: ¿y qué decir de las cicatrices que la escritura abre en la página blanca?

Poco a poco, dicen, hila la vieja el copo; con las cicatrices, digo, de su juventud perdida.

Dime dónde tienes tus cicatrices y te diré quién eres.

Anda, sí, ve y consulta tu carta astral: conocerás tus cicatrices.

La cicatriz más desesperada es la que se niega a reconciliarse consigo misma.
Pero también hay cicatrices dichosas: aquéllas que fructificaron en el perdón.

La vida es una interminable sucesión de heridas –es decir de decisiones– que a veces no cicatrizan, sobre todo cuando alguna se queda pendiente del "y si hubiera"...

Las religiones nada tienen que ver con el diálogo íntimo entre lo humano y lo divino.
Ni siquiera pueden protegernos con su ritualismo de las cicatrices –imperceptibles siempre– que ese diálogo va dejando en el enorme Vacío de su intimidad.

En el cine apapacho mis cicatrices. El teatro quiero que me las abra en toda su magnitud.

Hay amores que le descubren a uno cicatrices cuya existencia se ignoraba por completo.

Traicionarse a uno mismo provoca heridas que jamás harán cicatriz.

La cicatriz es a la culpa lo que la tumba al cuerpo expuesto.

Ahí donde temes ser destruido y avasallado está tu cicatriz más sensible.

Las heridas de un corazón mezquino no forman cicatrices.

Cuenta el mito que al castrar Saturno a Urano tres gotas de su sangre dejaron tres cicatrices en la tierra: envidia, venganza y necedad.
Los griegos las nombraron Furias. Después el término se tradujo, no tan erróneamente, por Política.

La costumbre de contraponer la eternidad de Dios a la infinitud del hombre.
Ambos absolutos, sin embargo, implican una cicatriz cuyos labios siempre supuran.

La palabra, dicen, es lo que nos distingue de los animales.
Creo que la diferencia esencial está en la incapacidad del animal para expresar las cicatrices de su especie.

En relación a los afectos en general, y al amor en particular, aún albergo una duda: ¿por qué si soy un ser de absolutos siempre termino por aceptar migajas?
Sin embargo, me niego a contabilizar la textura de las diversas cicatrices que esa suerte de abstinencia me ha dejado.

Rehúso acomodar mis heridas y apasionamientos en la cicatriz de la Indiferencia.

–¿Por qué te tomas todo tan a pecho?
Pregunta totalmente idiota. Si hubiese una razón, y una respuesta, no llevaría cicatrices luminosas entre la oscuridad de las heridas.

Si como es arriba es abajo, nuestra imagen y semejanza divina es sencillamente la cicatriz que le quedó al UNO cuando, al contraerse en Su Vacío, generó –a través del Dos y del Tres– las "miriadas de creaturas y de formas".

El monoteísmo es un malentendido. Es como pretender reducir la multiplicidad de nuestras heridas a una única cicatriz, queloide por añadidura, cuando que la perfección deELUNOENSIMISMO no se pierde en el desbordamiento y despliegue de Su Creación.
Así lo entendieron el hinduismo, la Kabalá judía y el mal llamado paganismo.

El silencio de Dios se vuelve tangible en cuanto se absorben las puntadas que suturan la cicatriz de Su Presencia.
Es decir: como los profetas, vale más estar mortalmente herido por el venablo de Su Voz.

Se habla de "el sentido" de la vida. Sí, la dirección va siempre, como en los ríos, en el sentido en que fluyen las heridas hacia la oceánica cicatriz del perdón.

¿Para qué maquillas tus cicatrices si de cualquier modo su gruir te quita el sueño?

¿No serán las estrellas cicatrices de las lágrimas que Dios derrama ante el desastre de Su Creación?

El sueño es ese vehículo providencial que nos permite circular por nuestras más recónditas cicatrices sin restricción alguna.
El único riesgo es que las abre, también, sin restricción alguna.

Para las heridas que va sajando la cotidianeidad, reencarnación, karma, eternidad del alma, resultan promesas de cicatrización a demasiado largo plazo.

La mediocridad es un páramo sin heridas ni cicatrices. Es más: ni siquiera genera espejismos.

El melancólico repasa sus cicatrices como el piadoso las cuentas de su rosario.

El camino de perfección transita por entre los 22 Arcanos Mayores, 22 senderos que van abriendo sus cicatrices como portales iniciáticos desde la duda oscura hacia la Luz.

El Conocimiento sólo se transforma en Sabiduría cuando es experimentado, vivido en carne propia.
De cualquier otra manera apenas si es un mapa de cicatrices mudas visto desde el aire.

Brujir: "igualar los bordes de un vidrio después de cortado con el diamante."
Así imagino será el paso de la vida a la muerte: sin dejar la menor cicatriz.

Un hijo (a) es una herida que jamás cicatriza.
A eso se refiere Dios cuando condena a Eva a parir con dolor. Él conocía ya cuáles eran las consecuencias de la maternidad.

Tendemos a concluir demasiado naturalmente que la cicatriz es el resultado de una herida, que ésta ha de resolverse en aquélla y sanseacabó.
Y no hay razón objetiva para que suceda de otra manera. Para la memoria, sin embargo, la cicatriz es apenas la herida de la herida herida, una eterna fisura en la realidad absoluta de cada quien.

Oigo cómo van cayendo las corolas
Todavía sin marchitar se desprenden

¿Qué sollozo secreto las ahoga?

Cicatriz la belleza sin culminar
cae en el vacío

Nada. Nadie.

Navego hacia el final
Venturosa espera...

¿Que no puedo?

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- Sí, llevo casi cinco días. Ni gota.
- ¿Y cómo le hiciste? Te vean taaaan mal que creí que nunca ibas a tomar la decisión de dejarlo.
- Hay de elíxires a elíxires. Algunos valen la pena el sufrimiento; otros no. Lo jodido es cuando sabemos que no valen la pena y ahí estamos, esperando migajas. Por eso, ni gota. Sé que cuando menos vea llevaré un año y ni gota. Seguro.
- Eso de los recuerdos nuevos te ha sido re refrescante, ¿no?
- Sí, es el único antídoto que ha funcionado. Ni gota.



Keats

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Hoy traté de recordar, pero no hallé antecedente en mi memoria. Nunca me había topado con John Keats. En ninguna de mis clases de literatura. No, tampoco ninguno de mis literatos me habló de él. Nadie me lo había presentado formalmente. Sabía de su existencia, por inercia, supongo, porque había encontrado su nombre en un par de textos y reconocía que era ingles, pero no más. Esta semana me lo he topado más de una vez. En la traducción que hizo Cortázar a principios de los cincuenta de su obra, cuando acababa de llegar a París; en la última película de Jane Campion, su historia de amor imposible (y donde, por cierto, encontré una de las escenas más bonitas de una mujer enamorada, con una cama clara y una ventana y ella, vencida por el viento)... Quizá sean coincidencias simples, sin ningún sentido, pero noté las repeticiones, y ahora siento que algo brinca. ¿Es así como encontré a los pocos demás que conozco, por raras coincidencias que movieron algo? No lo sé, o simplemente, como casi todo, no lo recuerdo. Ahora estoy aquí, buscando la historia y la obra de este poeta romántico muerto en Roma en en 1821, con apenas 25 años a cuestas. La tuberculosis lo paró. Leo sus armónicos poemas con mucha atención y con un diccionario a mi lado, para entenderlo. Creo que algunos me quedan. Sé que esto me hará perseguir después a Lord Byron y luego a no sé quién, buscando siempre, buscando lo mismo...

Ode on Melancholy

1.

NO, no, go not to Lethe, neither twist
Wolfs-bane, tight-rooted, for its poisonous wine;
Nor suffer thy pale forehead to be kiss’d
By nightshade, ruby grape of Proserpine;
Make not your rosary of yew-berries,
Nor let the beetle, nor the death-moth be
Your mournful Psyche, nor the downy owl
A partner in your sorrow’s mysteries;
For shade to shade will come too drowsily,
And drown the wakeful anguish of the soul.

2.

But when the melancholy fit shall fall
Sudden from heaven like a weeping cloud,
That fosters the droop-headed flowers all,
And hides the green hill in an April shroud;
Then glut thy sorrow on a morning rose,
Or on the rainbow of the salt sand-wave,
Or on the wealth of globed peonies;
Or if thy mistress some rich anger shows,
Emprison her soft hand, and let her rave,
And feed deep, deep upon her peerless eyes.

3.

She dwells with Beauty—Beauty that must die;
And Joy, whose hand is ever at his lips
Bidding adieu; and aching Pleasure nigh,
Turning to poison while the bee-mouth sips:
Ay, in the very temple of Delight
Veil’d Melancholy has her sovran shrine,
Though seen of none save him whose strenuous tongue
Can burst Joy’s grape against his palate fine;
His soul shall taste the sadness of her might,
And be among her cloudy trophies hung.

Y que sueño...

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...que estaba enamorada de un diseñador... ¿O no fue sueño?

Amor

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"Desde joven supe que encontrar el amor es un asunto de suerte. Creemos que tenemos el control, que sabemos lo que hacemos. Pero sólo si se es muy afortunado se puede tener una relación feliz. De no tener esa suerte, toda la lógica del mundo no tiene sentido. Entonces uno conoce a alguien y nuestras exquisitas neuronas se encargan de lo demás. Éstas son relaciones que no implican esfuerzo alguno y son placenteras. Pero es difícil alcanzar esa meta con fortuna. Uno cree que controla el destino, pero no es así".

Woody Allen

De Julio Ramón

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"Un amigo es alguien que conoce la canción de tu corazón y puede cantarla cuando a ti ya se te ha olvidado la letra. Los amigos desarrollan en nosotros nuestras virtudes potenciales. Una persona sin amigos corre el riesgo de no llegar jamás a conocerse. Cada amigo es un espejo que nos refracta desde un ángulo distinto. Cada amigo crea en nosotros una zona de contacto, un campo propicio al desarrollo de un determinado tipo de amistad. Es por ello que podemos tener dos amigos íntimos que no lleguen jamás a comprenderse entre sí".

JRR

Buenos días

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Que hoy te despertaste tarde, porque el insomnio otra vez anduvo en tu cama un ratotote y te dormiste como a las 6 am. No importa, dormiste un par de horas. Por eso te levantaste con música de la Arrolladora Banda El Limón y Friendly Fires y el Waka Waka y te pusiste a bailar frente al espejo, aunque tu cuarto estuviera hecho un caos. Ya habrá tiempo. Y que desayunas en la casa, para ahorrar porque sigues sin tener un peso, y no lo tendrás en mucho tiempo. En eso le cuentas a la mammma y a Odín de un Hércules y una Patty que son como ellos y se pelean como ellos y amenazan con matarse, o por lo menos morderse, como ellos, nada más que en una casa rodante en Roma, en italiano, porrrca miseria. Caminaste hacia el Banamex, y eso ya no lo cuentas, porque es lo único malo hasta ahora. Llegaste a la oficina y de repente te encontraste con una guapa cara conocida en una tuitcam, y sentiste que lo viste ayer, y no hace unos meses en otro continente. Fuiste feliz porque notaste su sonrisa al leer tu abrazo. Redactaste una entrevista rápidamente, porque según tú irías a la Cineteca, otra vez, a ver algo sorprendente, pero olvidaste que Banamex tiene tu poco dinero retenido hasta mañana. Ni modo, será mañana, la Muestra Internacional de Cine te ha traído como loca, 10 pelis por semana, junto con las comerciales de rigor. Y de repente lees una bienvenida nueva, optimista, y te pones más feliz y alzas la mano para compartir tu historia. Y luego otra plática lejana, de madres y de hijas y de cine y de amistad, y agradeciste a la bendita tecnología, que te hace estar en muchas mentes a la vez, rapidito. Y antes de salir a vagar por la ciudad y a leer y a ver el Centro y a vivir escuchas a Fonseca y te acuerdas de una señorita bicolor que la cantaba con mucho sentimiento, y esperas volverla a ver pronto, y buscas en el primer piso. Oh, él está en junta. Ya mañana el nuevo blog y el nuevo tema y los quehaceres domésticos y el curso de historia y nuevos libros y lo que venga. Lo que no está, no está, y ya. Buenos días, sea feliz hoy, señorita. Esto de documentar la vida me gusta.

Soluciones

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Más ejercicio, pastillas todos los días, menos trabajo, más trabajo, más correos electrónicos, menos correos electrónicos, menos cine (más imposible, condiciones materiales y temporales no disponibles), más sexo, menos café (más imposible, cabeza explota)... Necesito un doctor... para el insomnio...

No comments...

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If I could start again
A million miles away
I would keep myself
I would find a way...

¡Que no more gifts!

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Roll the Dice
by Charles Bukowski

if you’re going to try, go all the
way.
otherwise, don’t even start.

if you’re going to try, go all the
way. this could mean losing girlfriends,
wives, relatives, jobs and
maybe your mind.

go all the way.
it could mean not eating for 3 or
4 days.
it could mean freezing on a
park bench.
it could mean jail,
it could mean derision,
mockery,
isolation.
isolation is the gift,
all the others are a test of your
endurance, of
how much you really want to
do it.
and you’ll do it
despite rejection and the
worst odds
and it will be better than
anything else
you can imagine.

if you’re going to try,
go all the way.
there is no other feeling like
that.
you will be alone with the
gods
and the nights will flame with
fire.

do it, do it, do it.
do it.

all the way
all the way.
you will ride life straight to
perfect laughter,
it’s the only good fight
there is.