Crisis de los domingos

Era el único de mi sector que llegaba a trabajar siempre igual. Siempre presuroso, siempre sonriente, siempre algo ansioso. Era el que más preguntaba de toda la sección de Internacional, a quien fuera, porque tenía dudas de tal régimen político, de tal corresponsal, de tal cabeza. En México sabían que me había llamado la atención porque le encontraba cierto parecido con un ex novio, y ya. Claro, con un par de décadas más. Y a veces no podía dejar de observarlo, porque estaba capturado por el monitor, porque tenía algo de apasionado, de perdido por su trabajo que me daban ganas de dejar lo que estaba haciendo e ir corriendo a ver su pantalla. ¿Qué leía con esa atención? ¿Quién se había muerto? ¿Qué nueva crisis de misiles estaba leyendo? A él sí se le iba la vida en cada nota, o por lo menos eso me pareció. Es que ninguno de sus compañeros guardaba esa avidez para editar... Hablamos largo sólo una vez. Me contó que cuando era corresponsal en México había vivido en la colonia Roma, muy cerca de Casa Lamm. Calificó a mi país como un lugar increíble, pero corrupto hasta la médula. Que a él le había tocado la muerte de Colosio, que ojalá el narcotráfico no nos deshiciera... De repente escuchaba alguna de sus anécdotas como corresponsal en Israel, y pensaba qué monstruo ese ése... Hoy que leí en el papel una de sus tantas notas desde Libia lo recordé, y se me apareció la nostalgia... Y regresaron las ganas de salir corriendo... Adonde sea...

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