Repeticiones

Un día, cuando estaba cepillándose el cabello frente al espejo, reparó en que esto ya lo había vivido. Así, de la nada lo recordó, en un día jodidamente normal, un día lleno de rutina y sin un solo soplo de viento refrescante. Y hasta la fecha había apuntado. La revelación ocurrió porque ella sabía hace años, cuando pasó, que en el momento en que tuviera que recordarlo no podría hacerlo sola, así que tomó una hoja en blanco y copió el poema. Luego pegó esa hoja en la pared con un pedazo de masquinteip, junto al espejo, en el lado izquierdo, para ser exactos. Sí, ese espejo que no había cambiado de lugar en por lo menos una década. Y ahora, en ese día, jodidamente mediocre, reparó en que la hoja seguía allí, pegada, maltratada y llena de polvo, pero pegada, junto a la única frase de Octavio Paz que se animó a escribir en la pared para que su padre no le dijera nada, porque su padre Odiaba con mayúscula a Paz, ese mamarracho que ayudó a Salinas y al PRI siempre, ese que compró el Nobel. Así, junto a "Merece lo que sueñas" estaba el poema, fechado el 23 de abril de 2002. ¿Por qué escribió el día exacto, si ella nunca repara en las fechas importantes? ¿Si hasta el cumpleaños de su madre se le olvidó este año por andar adolorida? No lo sé, pero volteó. Y recordó lo que el primer viajero importante en su vida le había dejado...

Esta barca sin remos es la mía.
Al viento, al viento, al viento solamente
le he entregado su rumbo, su indolente
desolación de estéril lejanía.

Todo ha perdido ya su jerarquía.
Estoy lleno de nada y bajo el puente
tan sólo el lodazal, la malviviente
ruina del agua y de su platería.

Todos se van o vienen. Yo me quedo
a lo que dé el perder valor y miedo.
¡Al viento, al viento, a lo que el viento quiera!

Un mar sin honra y sin piratería
excelsitudes de un azul cualquiera
y esta barca sin remos que es la mía.


CP

Y luego ahí, pegado como costra del recuerdo, en la misma hoja del primer dolor, un pequeño poustit amarillo, de quién sabe cuándo, pero ella recuerda que meses después. La continuación, renegando del primer sentimiento de abandono. Porque así era ella, renegaba hasta de sus decisiones más trascendentales, a pesar de estar segura de que eso lo había deseado así, sin dudas.

... Los verdaderos viajeros son sólo los que parten por partir; corazones ligeros, iguales a los globos, que nunca se separan de su fatalidad y, sin saber por qué, dicen siempre ¡Adelante!

ChB

Luego, en lo que quedaba del corto fondo amarillo, remató con un sentimiento, ése sí suyo: "¿Vale la pena morir por ti?". Sonrió cuando releyó, porque sabía que eso estaba ahí para recordarle que le gustaba más Francia que Tabasco, que el tiempo corría y que era mejor eso de la ligereza en una mujer, como diría Girondo, que un sinrumbo perpetuo. Sonrió a la que estaba en el espejo, desde muy adentro. Pero si ya lo había vivido, se dijo, mientras terminaba de cepillarse. Y ya me había contestado desde años atrás, pensó. ¿Para qué perdía el tiempo haciéndose preguntas si ya lo sabía? ¿Para qué llorar más? Le dieron fuerzas para vivir así como estaba un ratito más, aunque fueran muchos días, y pensó con corazón ligero, pensó en dónde había dejado el libro que le describía la avenida Tacna, su siguiente parada. Y no importaba que las fuerzas le duraran unas horas, un día. Lo importante es que eran sus fuerzas, sus fuerzas...

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